Desde el aire todos los mosquitos parecen iguales, pero no lo son

El brote epidémico de dengue se desarrolla casi silenciosamente detrás del ruido provocado por el Covid19. Y aunque no lo escuchemos, allí está. Desde el centro de la Argentina hacia el norte, casi todas las provincias registran un número de casos y muertos que superan los más altos registros ocurridos en años anteriores.

Bajo la actual situación de aislamiento social son numerosos los gobiernos municipales que se preguntan cómo hacer frente a la crisis de los mosquitos sumado al coronavirus, la escasez de personal, equipamiento e insumos. En más de un caso, los gobiernos municipales vieron una solución en la aplicación aérea de insecticida, sustentada en la vasta experiencia que en Argentina existe sobre el uso de aviones para la aplicación de biocidas en el ámbito agrícola. El argumento parece simple: con la aplicación de insecticida con un avión, el aplicador no corre riesgo de infección por coronavirus, el trabajo se hace rápido, se cubre una amplia superficie y sustentado en algún documento de OPS de dudosa interpretación, parece que además, se matan mosquitos. Como siempre, la realidad es un poco más compleja y hay que hacer un esfuerzo para separar la paja del trigo.

Cuando una autoridad municipal quiera resolver el “tema mosquitos” debe tener claridad sobre la existencia de dos situaciones diferentes. Una es la relacionada con la epidemia de dengue, y la otra, relacionada con la aparición explosiva de gran cantidad de mosquitos. Las dos situaciones están causadas por especies diferentes de mosquitos. Una especie es capaz de transmitir el virus dengue, la otra no. La principal especie (aunque no la única) que apareció en los últimos días en muchas áreas de la pampa húmeda es un mosquito de inundación (Aedes albifasciatus), muy agresivo y por lo tanto muy molesto. Pone sus huevos en áreas húmedas en los bordes o las costas de espejos de agua temporarios, que al inundarse luego de las lluvias originan muchos miles de mosquitos. Esta especie es muy molesta pero de baja relevancia sanitaria.

El otro caso es el conocido Aedes aegypti. Cuando, como en el presente caso, existe circulación del virus dengue, la recomendación internacional es la de matar mosquitos adultos alrededor de las personas infectadas para impedir que los mosquitos se infecten y puedan seguir dispersando el virus en la vecindad. El método recomendado para matar mosquitos adultos (en vuelo) es usar insecticida químico aplicado, desde una camioneta o a través de un operario con mochila de fumigación, como termoniebla o niebla fría en un tipo de aplicación que se llama ULV, para lo cual se solicita a los moradores que abran toda la casa, incluido los armarios y roperos. La técnica produce micro-gotas que quedan suspendidas en el aire por algún tiempo y matan por contacto a los mosquitos en vuelo.

Este método interrumpe la transmisión del virus por pocos días, hasta que los mosquitos de áreas no tratadas ingresen a la zona tratada y/o las larvas que estaban desarrollándose den origen a nuevos mosquitos adultos, potencialmente transmisores del virus dengue si se alimentan de personas infectadas. La solución estable es siempre la misma, hay que eliminar criaderos, o sea descacharrar.

Más allá de las consecuencias ecotoxicológicas de las fumigaciones aéreas (cuestiones no menores que trataremos en otro documento, como la pérdida de insectos polinizadores y el daño que se ocasiona a la apicultura), la gente puede preguntarse: ¿por qué no usar aviones que apliquen insecticida para matar mosquitos de forma rápida, en una gran superficie e impedir que los aplicadores corran riesgo de infección por coronavirus?

Las aplicaciones aéreas de insecticidas químicos conllevan riesgo toxicológico para personas y ambiente y son por lo menos controvertidas para el control de Aedes aegypti. En Argentina no existen estudios sobre su eficacia, existiendo pocos en el mundo. Las opiniones expertas indican que la eficacia de la aplicación aérea es baja comparada con la aplicación terrestre ULV (40% vs70-90%), debido a la deriva de las gotas del insecticida y a que es casi nula su acción sobre mosquitos que existan en el interior de las viviendas. Por lo que sabemos no existen en Argentina aviones que cumplan los requerimientos de la OMS acerca de las boquillas que se necesitan para lograr el tamaño de gota requerido para el volteo de mosquitos adultos, el caudal específico que generan las máquinas, deriva del insecticida, certificación y capacitación de pilotos para aplicaciones en salud pública.

El escenario para el mosquito de inundación Aedes albifasciatus es diferente, pues podría considerase una aplicación aérea sobre sitios de cría, fuera de las ciudades, con el uso de larvicidas biológicos (por ejemplo Bti) para impedir una excepcionalmente elevada cantidad de mosquitos adultos imponiendo una situación insostenible a la población. Bajo estas circunstancias, las autoridades deben asumir la responsabilidad de las consecuencias ambientales especialmente si deciden usar larvicidas químicos, sobre la biodiversidad de los lugares a ser tratados.